Cualquier historia de amor tiene un principio y muchas
historias de amor tienen un final. Cuando nos enamoramos todo el mundo desea
que ese amor dure siempre, que sigamos enamorados, seguir queriendo y seguir
sintiendo el amor del otro. Y sin embargo, la realidad muchas veces se presenta
de golpe, incluso cuando mejor estás, cuando más tranquilo o tranquila te sientes
y cuando más amor notas en tus venas.
Puede ocurrir en unos días, en unas semanas o en minutos. Tu
pareja te puede decir que te deja, que no es feliz, que necesita un tiempo o lo
que sea. Un tiempo de incredulidad, una esperanza de que todo sea una crisis
transitoria, y después la realidad: tu pareja ya no quiere seguir contigo.
Entonces muchas personas comienzan una inagotable sucesión
de por qué. ¿Por qué me ha dejado? ¿Por qué no me quiere? ¿Seré yo? Se ha
tenido que enamorar de otra persona, seguro. A cada por qué le corresponden
muchas respuestas, todas contradictorias o todas claramente lógicas desde
nuestro punto de vista. Necesitamos comprender que es lo que ha pasado y si no
encontramos respuestas, nos las inventamos.
Y demasiadas veces un sentimiento de abatimiento, de no
poder ni querer seguir con la vida. La conocida frase de “nunca más me voy a
enamorar” da paso al “nunca más voy a ser feliz”. Hemos perdido lo que más, o
una de las cosas que más, queremos, y nos sentimos desorientados y sin fuerzas.
Y volvemos al por qué, ¿Por qué ha roto todo lo que teníamos?
Y las preguntas a veces tienen respuestas fáciles, dolorosamente
sencillas. Porque esa persona que queremos, sencillamente nos ha dejado de
querer. Una de las definiciones más sencillas de amar, de querer, es “querer
estar con el otro”. Te quiero significa quiero estar contigo. Y si alguien te
ha dejado es que no quiere estar contigo. Da igual lo que diga o haga a partir
de ese momento, da igual que haya otras personas, al final todo se resume en
que nos ha dejado de querer, podrá tener muchos otros sentimientos hacia
nosotros, nos podrá querer de otra forma, pero ya no estará enamorado o
enamorada, ya no nos amará.

Y nadie quiere estar con alguien que no nos quiere. Y si
alguien quiere eso, no es amor, es dependencia, es otra cosa. Y asumiendo esto,
queda lo más fácil, darnos cuenta que nuestra felicidad solo depende de cada
uno de nosotros. Que por supuesto podemos ser felices, muy felices sin esa
persona que amamos, pero que dejaremos, un día, de querer.