El origen de la palabra homicidio es la palabra latina  homicidĭum,
formada por homo (hombre, ser humano)
y caedĕre (matar). A semejanza de
esta palabra, tal y como describe la RAE, se han formado otras como suicidio (matar – a sí mismo).
Con ello el sufijo cidio ha pasado a
significar “acción de matar”. Y ese es el origen del neologismo del
que propongo hablar hoy: el sinceridio, o lo que es lo mismo, matar a través de
la sinceridad.
Que nadie lo busque en el diccionario, el sincericidio es un término que se ha convertido en un idea
exitosa en unos pocos círculos de la psicología, pero su uso es aún muy reducido.
Sin embargo, creo que es un término con muchísima fuerza que además esconde una
gran verdad. No sé quién acuñó el termino, casi no aparece en artículos
científicos y no son muchos los documentos o publicaciones serias que lo
utilizan. Las primeras referencias que encuentro son de Jorge Bucay
o de mi querida profesora María Pérez junto a nuestro Juan José Borrás  y a Xud Zubieta.  Como soy muy atrevido voy a intentar realizar
una definición que nos acerque al término:
Sincericidio:
  1. Confesión de unos hechos
    importantes basada en una sinceridad que produce un efecto negativo, de
    alejamiento y desconfianza en la pareja que puede llevar al final de una
    relación feliz y satisfactoria.
  2. Manifestar a otra persona
    lo que se cree de ella sin ningún tacto, de forma ofensiva e insultante,
    creyéndose en posesión de la verdad absoluta y pensando que la franqueza  completa es imprescindible y la
    sinceridad está por encima de todo.
Vamos con la primera de las acepciones.  La confianza es uno de los pilares de las
relaciones de pareja. Necesitamos sentir que podemos fiarnos y confiar en la
otra persona, que nos va a decir la verdad, que no va a ver secretos. Los
secretos nos alejan de la persona que queremos, nos hacen  poner barreras entre nosotros. Pero… Qué
hacer, por ejemplo, ante una infidelidad. La mayoría de las parejas acuerdan
ser fieles, no tener relaciones  íntimas
o sexuales con otras personas. Si el acuerdo es la fidelidad, romper ese
acuerdo va en contra de la pareja, pero el ser humano se equivoca, comete
errores.
¿Por qué ser sincero a costa de todo? ¿Para quitarnos el
sentimiento de culpa y dejarle toda la responsabilidad a la persona que
supuestamente queremos? Tendríamos que haberlo pensado antes, tendríamos que
haber pensado antes de estar con otra persona, pero ese tendría se ha
convertido en un verbo conjugado de forma imposible, ya no podemos volver
atrás.  
Después de una infidelidad primero necesitamos ser sinceros
con nosotros mismos y valorar si queremos seguir o no con nuestra relación. Y después
tendremos que decidir si confesar nuestro pecado. La confesión es una opción
pero no es la única opción, si queremos continuar con la relación necesitaremos
evaluar que será mejor para la pareja, el secreto y la mentira o la verdad y
quizás el final. ¿Podrá la pareja soportar la traición?  ¿O empezarán reproches, desconfianzas y
peleas a invadirlo todo? ¿el amor lo podrá todo?

Y para la semana que viene la segunda acepción.