Uno de los grandes escollos que a veces me encuentro en
terapia de pareja es la imposibilidad de perdonar a la pareja. Las relaciones románticas
a veces son difíciles y son demasiadas las cosas que nos han hecho daño cuando
decidimos cambiar y mejorar nuestra relación. Son muchos los errores que hemos
cometido pero la mayoría de las ocasiones son más los fallos
que ha cometido el otro miembro de la pareja. La culpa se suele repartir de
forma muy desigual y mucha gente cree que es el otro o la otra el que no ha
estado a la altura, no ha hecho lo suficiente o se ha portado muy mal.
No siempre la responsabilidad en los problemas  está repartida de forma equitativa entre las
dos partes de la pareja, aunque si la mayoría, pero nunca la responsabilidad en
el cambio puede tener otro reparto que el 50% para cada uno. Problemas de
pareja hay muchos pero soluciones hay menos y solo pueden encontrarse y
aplicarse si los dos miembros de la pareja se esfuerzan en cambiar y
mejorar. 
Por todo eso muchas veces la terapia de pareja tiene que
empezar por sacar todo lo malo, los motivos que han traído a la pareja a
consulta, los motivos que han llevado a la pareja a la infelicidad. Y todo eso
no tiene que ser objetivo, a cada uno le pueden haber hecho daño unas cosas,
cada uno tiene sus propios dolores, sus propias heridas.
Sin embargo no sirve de nada quedarse en la crítica,
en la expulsión del dolor que sentimos y en seguir recordando lo malo que nos
han hecho. Si queremos volver a ser felices necesitamos decidir si queremos
volver a intentarlo y si decidimos que sí, necesitaremos coger el camino del
perdón. Saber pedir perdón y perdonar. El pasado nos puede indicar las líneas
rojas que no queremos volver a cruzar pero no se pueden convertir en fantasmas
que nos asusten y no nos dejen progresar o reproches que no sirven  para nada. Y si no lo conseguimos, tendremos
que pedir ayuda específica y profesional para hacerlo o tendremos que poner fin
a la pareja y perdonar (o no) desde la separación.