Conocida es la frase de Groucho Marx de “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas:
Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna
”. Esta frase se
ha convertido en uno de los eslóganes básicos para los que creen que, por mucho
que se diga lo contrario, la felicidad se consigue con dinero.
Imagen de epSos.de (CC BY 2.0) de Flickr

Lo siento mucho, hoy en día la
ciencia de la felicidad lo tiene claro: el
dinero no da la felicidad
. ¡Cuidado! Estoy hablando de tener mucho dinero.
Es necesario tener cubiertas las necesidades esenciales, por ejemplo sino
tenemos un techo para vivir o comida que llevarnos a la boca es muy probable
que el dinero nos haga más felices. Los estudios nos indican que con un nivel económico suficiente para cubrir las
necesidades básicas
, la relación entre riqueza y felicidad no está nada
clara y, en todo caso, es muy poco significativa, muy poco importante. En este
sentido, Carmelo Vázquez nos recuerda un estudio de la revista Forbes en 1985 en el que se encontró
que las personas más ricas del mundo eran en realidad sólo ligeramente más
felices que la media de los americanos.

Por otra parte, Sonja
Lyubomirsky, en su fundamental libro “La ciencia de la felicidad”, nos
recuerda como las personas muy ricas
tienen mucho más que la persona media, pero la investigación demuestra que no
son mucho más felices
. Pero sobre todo Lyubomirsky nos advierte de los
costes y peligros del materialismo
. En 1976 unos investigadores analizaron
la actitud de 12.000 estudiantes  de
universidad cuando tenían 18 años y transcurridos 20 años midieron la
satisfacción en la vida de aquellos mismos universitarios. Pues bien, aquellos
cuyas actitudes mostraban como objetivo fundamental ganar dinero estaban menos
satisfechos con su vida que el resto. Además Cohen y Cohen en 1996, por ejemplo,
comprobaron  que  las
personas materialialistas tienen más probabilidad de sufrir una variedad de
trastornos mentales que los no lo son.

De esta manera tenemos por un
lado que la riqueza no es importante para la felicidad y por otro que las
personas preocupadas por ser ricas son menos felices. Parece claro que es un error poner el dinero como la salvación a
nuestras desdichas e infelicidad
o que nuestros sueños estén guiados por un
objetivo, ser ricos.
Peret y “si yo fuera rico”